Desde que era pequeño, Pedro tenía muy claro
que quería ser un asesino. Cuando en el recreo los demás niños jugaban a “papás
y mamás” él quería jugar a ser
Dios. Esclavizaba a sus muñecos y cuando ya no les servía los torturaba hasta
la muerte, además se dejaba siempre los bordes de las pizzas. Al crecer fue
perfeccionando sus planes gracias a series como CSI y Crímenes Imperfectos pero tenía un
problema; aún no había matado a nadie. ¿Cómo iba a ser un buen asesino si
todavía no había clavado ni un mísero cuchillo en carne humana? Y no era por
falta de ganas, no. El problema viene desde prácticamente su infancia. Resulta
que sus padres lo educaron demasiado bien. Eran unos hippies que hasta le
pedían permiso a la planta para arrancar una flor. Pedro, lo mismo escuchaba
música hindú en el salón de su modesta casa que se ponía Marilyn Manson cuando
se encerraba en su cuarto a hacer cosas de adolescentes. Lo mismo comía una
salchicha de tofu que pisaba un escarabajo para escapar de su rutina pero el caso es que por su demasiada buena
educación, Pedro siempre pedía permiso antes de asesinar y, claro, nadie en su
sano juicio le diría que sí. ¡No me malinterpretéis! Por supuesto que hay gente
para todo. Solo digo que al menos yo no lo haría. Lo sé, soy un tiquismiquis,
pero me gustaría vivir al menos un par de meses más. A lo que iba; Pedro
siempre preguntaba: “Disculpe, amable señorita indefensa en medio de una calle
prácticamente deshabitada ¿Le importa si le asesino un poco?” y claro, la pobre
chica huía gritando despavorida. Por otro lado, la policía ya estaba al tanto
de las intenciones de éste pese a que él era muy prudente con el tema, pero no
podían detenerle ni nada por el estilo pues aún no había matado a nadie... Era
muy amable con el resto del vecindario para que si algún día conseguía matar a
alguien puedan decir en la tele: “Era buen chico, siempre saludaba”.
Pedro, cansado de todo esto, no tuvo más
opción que poner un anuncio en el periódico local para ver si así podía segar
alguna alma:
“Asesino amateur busca víctima, a poder ser
entradita en carnes”
Pensándolo bien todo esto no hubiera ocurrido si alguien,
algún psicópata, hubiera inventado una red social para encontrar a tu victima
ideal. Algo así como un e-Darling para asesinos exigentes. En fin, continuemos... Pedro no entendía
porque no le llovían las llamadas por su anuncio ¡Encima que lo hacía gratis! hasta que un
día… ¡Zas! Laura, una joven suicida no muy entradita en carnes se puso en contacto con
él para quitarse la vida. Por lo visto a la muchacha le daba corte matarse a sí
misma. ¡Ja! ¡Corte! ¡¿Lo pilláis?! ¡Porque es una suicida!… Sigamos: Para Pedro
eso fue la noticia del siglo. Quedaron en un bar en el extrarradio de la ciudad
y se conocieron más afondo. Pedro prefería mantener las distancias con la
victima pero claro, ella quería concretar un par de detalles. Al par de días,
Pedro y Laura quedaron en una antigua fábrica abandonada por darle algo de ambiente a cliché. Todo iba de maravilla,
él tenía preparado un arsenal homicida de primera división y ella ya tenía
escrita su carta de despedida hasta que, justo cuando iba a comenzar el
degüelle, Laura lo paró. Ya no quería morir. Se había replanteado comenzar una nueva vida y... Como podrán imaginar a Pedro eso se la trajo al pairo y terminó
degollándola igualmente. ¿Qué esperabais? Le había dejado con la miel en los
labios. Le había puesto un caramelo y se lo había quitado. Le había hecho la
marcha atrás justo antes de llegar al orgasmo y eso está muy feo. ¡Bien hecho,
Pedro! ¡Por fin has cumplido tu sueño!
La policía, que le estaba esperando fuera, le
tenía preparada toda una fiesta de enhorabuena para antes al llegar a la cárcel. Le
recibieron entre aplausos y le dieron la celda con vistas al patio femenino. ¡No
todos los días se cobra uno su primera víctima! Pedro salió
del talego tras una temporada entre rejas con la esperanza de que, ésta vez, tardaría menos tiempo en encontrar
a su víctima ideal.
Fin.